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Censura en el The Clinic = WTF

3 Marzo, 2009
UPDATE (11/03): aparentemente el retiro del artículo no se debió a censura ni a presiones de terceros, sino que al hecho que el articulo estaba mas o menos bueno y decidieron ponerlo en la edición impresa en vez de colgarlo en la web directamente (como pasa a veces). Nada nuevo bajo el sol… circulen… Post orginal de aquí para abajo:

¿Son los Girardi los Corleone de nuestra política? Así parece ser… Usualmente no le doy mucha cuerda a estas cosas (osea, hay mucha gente que esta mas preocupada de la podredumbre en nuestra clase política que yo). Pero no deja de llamarme poderosamente la atención el hecho que el The Clinic se censure a si mismo.

girardi

Ayer leí este artículo (el que en si mismo aportaba re pocas novedades a lo que ya se sabía), y hoy me encuentro que lo sacaron del sitio. Mucha gente en los comentarios del sitio está exigiendo una explicación. Como buen modernoso que soy, tenía una copia integra del texto en mi lector RSS, asi que lo republico para quienes se lo perdieron. El original estaba aquí, pero ahora tienen un error 404 en su lugar. Que les aproveche:

“Señora, ¿le guardo el puesto?…”

Por Patricio Araya G., Periodista

girardi1“¡Güeno, pero no te movai de aquí; voy a la cola de los pollos y vuelvo!”–, respondía la señora. Aquélla era la pregunta con que los niños solíamos abordar a las mujeres que se aglomeraban en las filas durante la Unidad Popular, para abastecerse de alimentos y cigarrillos a la vez. El pacto se sellaba en un abrir y cerrar de ojos; la típica advertencia del “no te movai de aquí”, mediada por un par de monedas, perfeccionaba el negocio, brindándole seguridad a las mujeres que jadeaban entre fila y fila para hacerse del pollo asignado por la JAP y la respectiva cajetilla de Hilton, sobre todo cuando plumíferos y cigarrillos llegaban a los puntos de distribución al mismo tiempo, o por la simple codicia acaparadora o por el desenfreno del vicio. Era la forma que la gente había inventado para “multiplicarse” en las filas y poder llevar a casa lo que escaseaba y que solía venderse a cuentagotas. Lo que no se conseguía “a la buena” en las famosas colas, se transaba en el “mercado negro” de los acaparadores, los mismos que antes se habían surtido usando niños custodios en cuanto almacén tuviera algo en sus escaparates, o consiguiéndose víveres bajo cuerda.

Mientras la ciencia no invente una forma para que los seres humanos nos multipliquemos y así estar en más de un lugar a la vez, tendremos que apelar a métodos tan rudimentarios y siniestros como el descrito. Aunque en muchas partes se lee la advertencia “no se reserva lado” o “no se guarda el puesto”, la costumbre popular de hacerlo está lejos de ser desterrada, incluso, se ha asentado con fuerza en la mismísima Política; claro que aquí tiene otro nombre, se llama nepotismo.

…A fines de 2003, la entonces alcaldesa PPD de Cerro Navia, Cristina Girardi Lavín (quien se encontraba en su tercer período consecutivo), le informó a sus más cercanos su decisión de no repostularse en las elecciones de 2004, cuestión que en los meses siguientes hizo extensiva a la comunidad, a través de diversas reuniones que fue sosteniendo con las organizaciones sociales. Su intención era una sola: convertirse en diputada por el distrito 18 (Cerro Navia, Lo Prado y Quinta Normal) en las elecciones de diciembre de 2005. Su principal argumento no fue otro que el económico. En diferentes oportunidades se le escuchó quejarse a causa de los exiguos ingresos que le reportaba el cargo de alcaldesa, los que no lograban satisfacer su estándar de vida y su consiguiente nivel de gastos. El sueldo de diputado resultaba en extremo atractivo, de modo que no dudó en hacer público su deseo de llegar al Parlamento. Todo marchaba viento en popa.

Hasta que surgieron los problemas. Por esa época, su hermano Guido Girardi Lavín, diputado el por el distrito 18, sostenía una lucha al interior de la Concertación por el cupo senatorial Santiago Poniente, en manos del DC Andrés Zaldívar, cuestión que de concretarse, dejaría la vía libre para que Cristina Girardi accediera por “derecho propio” al mismo cupo distrital. Según encuestas manejadas por Guido Girardi, el candidato PPD Mario Gebauer, (elegido por él mismo) no sería capaz de derrotar al entonces concejal RN Luis Plaza, perdiendo de este modo ese bastión familiar, llamado Municipalidad de Cerro Navia.

Por otra parte, Girardi aún no tenía la certeza de desplazar a Zaldívar para luego enfrentarse al UDI Jovino Novoa. Frente a la evidencia de los hechos, el diputado pepedé adoptó tres decisiones fundamentales: primero, bajó a Mario Gebauer (hoy Alcalde de Melipilla), quien ya había sido presentado en la comuna como el sucesor de Cristina; segundo, nominó como candidata a concejala a su mujer, Paula Echeñique Pascal (quien al cabo resultó electa con la primera mayoría comunal); y tercero –lo más importante– obligó a su hermana Cristina a recular, conminándola a inscribirse como candidata a alcaldesa en las elecciones de 2004. La hermana amurrada no tuvo más que aceptar la decisión del jefe de familia y aguantarse otros cuatro años, anunciados como “los últimos”, en un municipio que la tenía hasta la coronilla, y del cual se ausentaba cada vez que podía, haciendo uso de todas las prerrogativas legales y licencias médicas posibles. En diciembre de 2004, Cristina Girardi es reelecta alcaldesa con un 57,81%. Pese al triunfo, su frustración no se hizo esperar. Desde ahí en adelante, Cristina “pateó la perra”.

El nuevo período, iniciado el 6 de diciembre de 2004, se convertía en una trampa mortal para sus aspiraciones parlamentarias, pues, desde el punto de vista político y legal, resultaba impresentable renunciar apenas asumida, para luego llamar a la puerta de los mismos electores y explicarles su incontrolable deseo de ser diputada. Por esta razón, no le quedó más que aceptar su realidad y aguantarse a regañadientes las ganas por cuatro años. Por su parte, su hermano Guido, junto con lograr hacerse del cupo por la séptima circunscripción (Santiago Poniente) y competir en la misma lista concertacionista con Andrés Zaldívar (quien acabó siendo desplazado del Senado por el propio Girardi (35,3%), y el reelecto Novoa), persuadió a su padre, el médico broncopulmonar Guido Girardi Briere, para postular por el distrito 18 en las mismas elecciones parlamentarias de 2005 de las que había quedado marginada su hermana. Era una carrera ganada de antemano, un doblete seguro de padre e hijo homónimos. El padre no tuvo que hacer ni el más mínimo esfuerzo para quedarse con el puesto en la Cámara.

En realidad, el codiciado distrito 18 nunca estuvo libre, ni menos al alcance de quienes lo veían como el botín por el que muchos estaban dispuesto a todo; ninguno de esos potenciales candidatos contaba con la jugada maestra del nuevo senador. El adjetivo que define a ese cupo no es el de “distrital”, sino “familiar”. Para muestra, un botón: Gino Girardi Lavín, un miembro no tan famosillo de la familia, es concejal de Lo Prado. El mentado distrito 18 es un cupo que la familia dirigida por el senador Girardi atesora con afán de supervivencia, y ninguno de sus miembros está dispuesto a ceder o perder. Confiada en ello, Cristina sabía que era cuestión de tiempo, de modo que al fin aceptó ponerse al frente del municipio, claro que en desmedro de los vecinos de la comuna que tuvieron que soportar la etapa más funesta de su paso por esa municipalidad, tras lo cual dejó una estela de dudas, y una investigación iniciada por la Contraloría General, debido al incierto manejo de la Corporación Municipal (CORMUCENA).

No obstante, hoy, la ex alcaldesa Girardi (quien cedió su cupo en las elecciones municipales de 2008 al ex ministro Álvaro García, con el propósito de quedar disponible para el Parlamento) está muy tranquila, haciendo campaña en el distrito familiar, rearticulando las redes territoriales desmantelas tras la derrota del clan Girardi a manos de Luis Plaza, concentrando sus promesas en Cerro Navia –donde tanto fruto le rinden a la familia–, esperando que se aquieten las aguas por los escándalos de su hermano senador, y que su padre, Guido Girardi Briere, o “Guido, el Bueno”, como lo llaman sus colegas parlamentarios, concluya su improductivo período de cuatro años como diputado, el que no ha tenido otro propósito que cuidarle el puesto en la fila a ella.

Así lo manifestó el propio patriarca a El Mercurio (14/2/09), explicando sus razones para no repostularse a la Cámara. “Yo tengo dos amantes que son la medicina y la pintura, pero esta nueva amante que es la política no pasó la prueba”. Respecto a su sucesor, Girardi Briere dijo enfático: “Mi hija Cristina Girardi, ex alcaldesa de Cerro Navia, porque ella tiene más condiciones que yo para esto”.

Esto es el nepotismo. Los Girardi no son los únicos; ya hemos visto a los Frei, los Zaldívar, los Lavín, los Allende, y una larga lista. Esta es la forma más deleznable de sublimar la democracia, y de entender que la soberanía popular como un bien familiar, heredable, no transable. No denunciarlo, es ofender la inteligencia ciudadana; es decirle a medio mundo que los chilenos pasamos de la tiranía de un criminal, a la desvergüenza de los mafiosos organizados en clanes, que, lejos de representar los intereses de sus electores, no hacen sino abultar sus billeteras y pasearse por el mundo como turistas empedernidos. O sí no que los Girardi le expliquen al país a qué van tan seguido a China, ¿o es que aún les faltan kilómetros por recorrer sobre el lomo de la gran muralla?

Más de alguien estará sacando las mismas cuentas de los cabros chicos upelientos de los setenta, y pensando en ponerse en alguna fila a cuidarle el puesto a alguna vieja avarienta, a cambio de unas monedas guachas, pero, les tengo malas noticias: lo que hoy sobra en Chile, son pollos y cigarros; lo que falta es billete para comer y fumar. Lo que sí abunda es el nepotismo, las ansias por conservar el cupito hasta la tumba, y entretanto, ganarse un billetón, no hacer nada y conocer la China. No es malo.

-Señora Cristina, ¿le cuido el puesto?

-Imposible, cabrón, para eso tienes que apellidarte Girardi–, me respondería esa mina que su jura alternativa.

5 comentarios

  1. Qué asqueroso: nepotismo feudalista… Chile vive en una monarquía plutocrática disfrazada de “democracia”. Los tipos tienen sus propios negocios, aunque sea algo anticonstitucional… Son muy miserables… porque no se asumen de una vez como mafiosos todos estos maracos… La política como la entienden estos tipos no es pública, es privada, es como ver los cahuines de alcoba en la tele… y lo peor de todo es tener que ver eso… es la cultura de la farándula decadente venida a menos.


  2. Bueno y además es censurado algo que es sabido por todos… es absurdo.


  3. me recordo los animos que antaño solia compartir con los revolucionarios de la U, una especie de reflujo de rabio… pero no logro remover la capa de indiferencia (que es mas bien un escudo ante la frustracion) que he generado durante estos ultimos años…

    igual mala la wea… que lo chupen… xD


  4. [...] así que murió el enlace en el caché de Google, pero, no fuí el único que lo notó… remisramos tomó la precaución de copiar el artículo [...]


  5. que buena que copiaste el artículo… yo no tuve esa precaución….
    http://evargasp.wordpress.com/2009/03/03/girardi-again/



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